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Niños con pesadillas, ¿cómo ayudarles a superarlas?

Si hay algo que trasciende tras los años son los niños con pesadillas. Las pesadillas, aquellos malos sueños que nos despiertan y asustan en mitad de la noche, son muy normales, frecuentes y comunes en la infancia. Sobre todo entre los 3 y 6 años -aunque pueden aparecer y desaparecer hasta más de los 7 y 8 años-. Algunos médicos las llaman sueño disfuncional. Es decir, una alteración que ocurre en nuestro inconsciente por aquellos problemas de la vida a los que no solemos hacer frente.

Cabe destacar que éstas alteraciones del sueño también son comunes en adultos. En este caso, las pesadillas no parecen ser más que los reflejos de aquellas angustias que generan el estrés o las preocupaciones del día a día. En cualquier caso, sólo consiste en aprender a luchar contra ellas.

¿Por qué y cuando se producen?

En adultos es más fácil identificar el motivo de éstas alteraciones. Cómo hemos mencionado en líneas anteriores, el estrés, la ansiedad o la depresión pueden motivarlas. Estar pasando por un conflicto familiar o laboral, pensar en cosas cómo la organización de un evento o tener fiebre, son algunos de los ejemplos. Sin embargo, los niños son más propensos a sufrir pesadillas sin tener ninguna causa aparente. Aunque hay determinados motivos que casi siempre promueven éstos malos sueños. Un mal día en el cole o en el que se le haya reñido mucho crean preocupaciones en el niño. También un cambio en su rutina, por traslado del domicilio o colegio o incluso los celos por el nacimiento de un hermano, son algunos de los motivos que pueden producir pesadillas en los peques.

Ya lo explicó Freud en el s. XIX con la «Caja de Pandora”: «Los sueños son una ventana a nuestro inconsciente y una manifestación de nuestros deseos y ansiedades. Al soñar nuestra mente está libre de prejuicios y se muestra tal y como somos».

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a dormir tranquilo?

La pregunta más importante es, ¿cómo puedo ayudar a mi hijo a que duerma tranquilo?. No hay una metodología probada a seguir en estas situaciones tan cotidianas. Pero si diversas acciones que ayuden a luchar con las pesadillas y eliminarlas progresivamente. Podemos dividirlas en dos; estrategias diurnas y estrategias nocturnas.

En primer lugar, acciones diurnas como intentar que nuestros hijos vivan tranquilos, algo tan típico como imprescindible. No sobrecargarles de actividades extraescolares o pasar tiempo con ellos de manera relajada. Es muy recomendable animarles a que dibujen y jueguen porque son medios donde los niños elaboran y expresan sus fantasías y conflictos. Además, son maneras de dar salida a sus emociones.

Para dormir, también hay pautas o rituales nocturnos que suelen funcionar. Acompañarle un rato en su habitación para que no tenga miedo mientras se relaja antes de conciliar el sueño. Que duerman con sus peluches o dejar una luz tenue. Contarles un cuento o hablar sobre cosas agradables. Darles el final de las escenas de terror cuando se despiertan tras una pesadilla.

Así todo, si tu hijo tiene pesadillas continuadas e intensas, te recomendamos acudir a un especialista para conseguir sacarle de la cabeza los monstruitos debajo de la cama, y conseguir que vuelva a dormir serenamente.